Alvaro Ramis

Crónica Digital 18 febrero 2008

“Si los hechos contradicen una buena teoría, peor para los hechos”. Este parece ser por estos días el lema de la prensa anticubana. Cuando la BBC publicó el sábado pasado la tan comentada nota sobre el debate entre los estudiantes de la Universidad de Ciencias de la Informática con Ricardo Alarcón, el presidente de la Asamblea Nacional cubana.

Algo comenzó a funcionar mal en la teoría que como cantinela han repetido por décadas los medios opositores a la revolución.

No era posible que este tipo de debates se hiciera público. No era aceptable que un grupo de estudiantes le hiciera ese tipo de preguntas a una de las más importantes autoridades de la “dictadura” castrista.

Simplemente no podía ser y por lo tanto la porfiada realidad debía entrar, aunque sea a golpe de mentiras, en el esquema que nos han tratado de vender toda la vida: en Cuba no hay democracia, no se acepta el debate de ideas, las autoridades nunca dialogan con el pueblo, porque se trata de un regimen represor y violento incapaz de aceptar crítica alguna.

La primera ola de rumores de Miami planteó que se trataba de un montaje del propio gobierno cubano para tratar de crear una apariencia aperturista. Pero un complot de esas características rebasaba la imaginación de los más osados, y por eso la tesis rápidamente cayó en desgracia.

Entonces, había que esperar lo que se supone que debería pasar en una dictadura digna de ese nombre: Eliécer Avila, el más crítico de los estudiantes, debía ser detenido, torturado, desaparecido. No importa donde estuviera ni lo que pensara la hipotética víctima. Algo le tenía que pasar.

Por eso radio Martí se apresuró a hacer rodar el titular: “Preso el joven que interpeló a Alarcón”.

Bastó esta chispa para que la máquina del engaño se echara a rodar una vez más.

Todo un espectáculo basado nada más que en las especulaciones de Miami. Sin embargo, una larga lista de períodicos esparcían la alarma: “Indignación y temor por estudiante preso”, “Eliezer Avila, sigue la represión e Cuba”, “El estudiante cubano que pidió libertad está preso”. Y desde luego, después vinieron los comentaristas de siempre, para mostrar su conmoción: “Así las gasta el castrismo” editorializaba el portal neofranquista “Libertad digital”.

En el mismo medio, un tal Juan Carlos Girauta aprovechaba el caso para lanzar sus más aburridas teorías sobre las grietas de la “dictadura”.

Se redactaban manifiestos exigiendo la intervención internacional. El inefable Linconln Díaz-Balart arengaba contra “Los matones del régimen cubano”. La noticia alcanzaba una atención que ya quisieramos tener para situaciones en las que verdaramente se ha requerido de medios atentos a la defensa de los derechos humanos.

Por supuesto, el video y las declaraciones de Eliezer Avila y sus compañeros de Universidad, desmintiendo la cadena de mentiras, no parece ser un argumento suficiente para esperar la más sutil retractación por parte de los falsificadores de información. ¿Para qué? Si al final de cuentas sobre Cuba se acepta publicar las más graves acusaciones sin necesidad de fuentes.

La impunidad mediática tolera las mentiras más burdas y la manipulación más grotesca de las personas, en nombre de la libertad de expresión.

Ni siquiera sienten vergüenza de sus propias incoherencias. Para muestra un botón: el portal Infobae contínua la cobertura del caso titulando “Opositor apresado por Castro negó todo en Granma”. Bajo esa lógica podrían publicar en la crónica roja: “Asesinado niega que lo hayan matado”.

Todo vale si a la hora de informar sobre Cuba los hechos no importan. Lo único que “ocurre” en Cuba es lo que inventa el lumpen periodismo.

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