Arturo Arriagada I. / Escuela de Periodismo /Universidad Diego Portales

Si el capital de los medios se construye en base a la confianza que las audiencias les entregan, la omisión de las demandas de los gremios y ciudadanos como parte de la oferta informativa del día de ayer, sólo deja dudas respecto a la forma como la prensa está haciendo la pega cuando hay que construir y vender una noticia.

Si el capital de los medios se construye en base a la confianza que las audiencias les entregan, la omisión de las demandas de los gremios y ciudadanos como parte de la oferta informativa del día de ayer, sólo deja dudas respecto a la forma como la prensa está haciendo la pega cuando hay que construir y vender una noticia.

Cuando los chilenos se informan principalmente a través de la televisión, cuesta imaginar que los principales noticieros del país no hayan cumplido el rol social de informar que se autoimponen, y que sus audiencias les demandan. Las noticias presentadas ayer por los canales de televisión –en un día de paro nacional convocado por diversas organizaciones sindicales- no sólo se centraron en la violencia y las agresiones, sino que le dieron más cobertura a un senador golpeado por un carabinero, en vez de intentar contestar las preguntas que surgían al ver a miles de personas protestando en las calles. Ayer no existió ningún análisis para explicar por qué la gente manifestaba y por qué la CUT convocó a un paro.

Si bien la forma que tuvieron los gremios y organizaciones sindicales de comunicar sus demandas no fueron del todo claras (bastó con ver las aburridas y eternas cuñas del presidente de la CUT), la prensa tampoco hizo el intento por averiguarlas y darlas a conocer en los noticieros centrales. Sólo se dedicaron a defender el derecho a grabar las peleas entre carabineros y manifestantes en la calle, para luego convertir esas declaraciones de principios en noticia.

Así como las personas toman decisiones de consumo cuando van al supermercado y eligen algunos productos por sobre otros para satisfacer mejor sus necesidades, en el caso de la información debiera ocurrir algo similar. Si los medios no satisfacen la necesidad de información de las audiencias, éstas van a apagar el televisor o bien van a desconfiar de la calidad de los contenidos que los noticieros presentan. Si los medios quieren ser escuchados, podrían repensar la forma como construyen ciertas noticias, especialmente las que afectan a la mayoría de los ciudadanos.

Cuando la prensa se queja que no puede hacer denuncias contra las empresas que los financian (es cosa de ver la ausencia de programas que reflejen las demandas de consumidores disconformes), terminan por omitir y perder las oportunidades que se le presentan para potenciar su autoimpuesto rol social. En el día de ayer los periodistas tuvieron la oportunidad de contar los problemas que afectan a miles de chilenos, pero no lo hicieron. Sólo mostraron las peleas en las calles y las muestras de cariño de los senadores hacia el agredido Alejandro Navarro.

La cobertura periodística de ayer sólo refleja la crisis que están generando los nuevos medios masivos como YouTube o la Web 2.0, a la hora de informar y entretener a las audiencias. Si los medios tradicionales como la prensa y la televisión toman nota de esos cambios, las noticias presentadas en el día de ayer podrían ser un mejor producto para consumidores ávidos por informarse, convirtiéndose en ciudadanos con mayor poder de decisión y profundizar como país en el desarrollo de la democracia.

Enviado por Marisol García (no verificado) el Jue, 08/30/2007 – 18:57.

Llevo semanas tratando de averiguar qué sostiene el paro en Agrosuper, y no logro dar con los datos. El Mercurio sólo entrevista a empresarios e insiste con lo “preocupado” que está el sector, pero no hay manera de dar con buenas cuñas de los dirigentes de los trabajadores.

Así como se ha hecho con investigaciones sobre la cobertura a los pobres en los medios, sería interesante medir cuántas veces y cómo aparecen los trabajadores en éstos. Su presencia es mínima, distorsionada y sesgada, me temo. Y no lo digo desde un ánimo reivindicador sino de simple y pura curiosidad.

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