Arturo Arriagada I. www.antimedios.cl

La sugerencia del canciller Alejandro Foxley a TVN para no transmitir el documental Epopeya, es un hecho que no genera mayores consecuencias en las audiencias del canal de todos los chilenos. Si bien TVN posee un capital simbólico basado en la credibilidad de sus televidentes- más que en la dependencia del gobierno de turno- este hecho nuevamente cuestiona la ley que regula a la estación pública.

¿A quién le importa la censura a TVN?

Arturo Arriagada I.

Escuela de Periodismo

Universidad Diego Portales

    La sugerencia del canciller Alejandro Foxley a TVN para no transmitir el documental Epopeya, es un hecho que no genera mayores consecuencias en las audiencias del canal de todos los chilenos. Si bien TVN posee un capital simbólico basado en la credibilidad de sus televidentes- más que en la dependencia del gobierno de turno- este hecho nuevamente cuestiona la ley que regula a la estación pública.

La rentabilidad económica que permite la autogestión del canal estatal, fruto de sus exitosos productos mediáticos, es su principal atributo. Mientras, los criterios editoriales –por más supervisión que tengan de las autoridades - sólo son un tema relevante para las elites. Ahora bien, al asumir la responsabilidad sobre la suspensión de la emisión del programa, el canciller Foxley refleja dos debilidades preocupantes. En primer lugar, la escasa sutileza con que el gobierno enfrenta las crisis. Por querer adelantarse a los hechos, Foxley terminó haciendo un escándalo de algo que se podría haber acordado entre las autoridades respectivas, con anterioridad a la fecha de emisión del programa. Por otro lado, el canal de televisión no puede pagar los platos rotos por un error del Ejecutivo en la indicación que trazaba los nuevos límites de Arica.

El segundo problema tiene que ver con la independencia que dice tener el canal de todos los chilenos. De acuerdo al presidente del directorio de TVN, Francisco Vidal, la resolución de postergar la transmisión del programa la tomó el directorio en su conjunto sin presiones por parte del gobierno. Mientras los votos de los miembros del directorio se mantengan en absoluto secreto –si bien se filtraron en los medios, pero como señaló Vidal, la ley lo ampara para no revelarlos- no hay una relación con el discurso pro transparencia que el gobierno quiere impulsar en cada una de sus acciones.

Aunque el canal estatal ha sufrido censura en distintos programas por parte de los gobiernos de la Concertación desde su reestructuración en democracia (para qué hablar de la dictadura), actualmente la estación no traslada los efectos de este tipo de decisiones a sus públicos. TVN es el canal de televisión más visto por los chilenos, además de poseer una alta credibilidad por parte de sus audiencias.

De acuerdo a la encuesta ICSO-UDP de 2006, un 38% de los chilenos se informa a través del canal nacional. En el mismo estudio realizado en 2005, un 41% de los encuestados lo califica como un medio cuya posición política es de centro. En cuanto a la calidad de la información que presenta, TVN obtiene el segundo lugar con una nota 6,8 de un máximo de 10.

Mientras la elección de los representantes del directorio de TVN dependa en gran medida de los cuoteos políticos, la escasa transparencia en la toma de decisiones de esta instancia no es mas que el resultado de un modelo que requiere de ajustes. En este sentido, el actual presidente del directorio de TVN (designado por la presidenta Bachelet) queda en una incómoda posición. Si Vidal no tiene los argumentos ni el respaldo del directorio para defender la decisión de postergar la transmisión del programa, su autonomía e independencia del gobierno de turno para tomar decisiones será solo un buen slogan. Además, con esta decisión deja abierta la posibilidad que el canciller, a petición de cualquier representante de gobiernos internacionales, cuestione los contenidos que transmite la señal internacional de TVN.

Más allá de la existencia del cuoteo político a la hora de nombrar a los miembros del directorio del canal estatal, y los permanentes cuestionamientos que esto genera a la ley que regula a TVN, el impacto de estos hechos “censurables” son, al parecer más relevantes para la industria mediática nacional y las elites, pero no necesariamente se trasladan a quienes sustentan la existencia de un canal de televisión: las audiencias.

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